Charla Andrea Camilleri – Vázquez Montalban

Charla Andrea Camilleri - Vázquez MontalbanEMILIO MANZANO

La Vanguardia Magazine, 18 / 4 / 1999.

Andrea Camilleri y Vázquez Montalbán en Barcelona el 17 febrero de 1999 (foto El Periódico).

El escritor siciliano Andrea Camilleri, protagonista de un verdadero fenómeno editorial en Italia gracias al personaje del comisario de policía Salvo Montalbano (pieza central, hasta la fecha, de cuatro novelas y un libro de relatos), suele enfrentarse a la misma paradoja que su colega y amigo Manuel Vázquez Montalbán: es incapaz de responder correctamente a esos cuestionarios elaborados par fans minuciosos y que le darían derecho a pertenecer a un club “oficial” de amigos de su propio personaje.
Reunidos en Barcelona el pasado febrero con motivo de la presentación en España de los primeros títulos de la saga del comisario Montalbano (“Un mes con Montalbano” y “El perro de terracota”), Andrea Camilleri y Vázquez Montalbán intercambian opiniones, en torno a unos vasos de cerveza y una grabadora, sobre estas contingencias derivadas del éxito popular, sobre gastronomía y política, sobre conocidos comunes camo Pietro D’Alema o sobre las posibilidades que tendrían sus personajes, Salvo Montalbano y Pepe Carvalho, de enfrentarse a un enigma codo con codo.

Andrea Camilleri: Ayer me regalaron una bioqrafía de Pepe Carvalho. La estuve hojeando antes de acostarme… ¿sabes qué me sucedió? Al final hay un cuestionario de unas cien preguntas, para saber si uno es un buen lector de Pepe Carvalho. Acabé bastante enfadado: sólo pude contestar correctamente a una docena de ellas.

Manuel Vázquez Montalbán: ¿Una docena? Pues ya me parece una buena cifra. Yo sería incapaz de responder a tantas.

Andrea Camilleri: Después me consolé recordando que en Internet existe una estupenda página web sobre Montalbano, hecha par un club de fans. Para formar parte de este club debes responder a diez preguntas sobre mis personajes. Lo intenté pero fui rechazado: me equivoqué en cuatro de ellas. “Debes prepararte mejor”, fue el veredicto de mis fans

Manuel Vázquez Montalbán: Entre nuestros personajes, entre Carvalho y Montalbano, hay muchas diferencias y puntos de encuentro. Quizás la diferencia fundamental es que el tuyo es un policía público, un policía del Estado, mientras que Carvalho es un investigador privado. Sin embargo, el tuyo es un policía muy especial, no creo que se parezca a muchos policías reales italianos.

Andrea Camilleri: ¡No! Montalbano no duraría ni tres días en una estructura como la de la policía italiana. Es un elemento extraño que he incrustado literariamente en ese cuerpo policial. Sin embargo, me consta que muchos policías italianos devoran sus aventuras. Hasta me han dado un premio los policías de Milán. ¿Recuerdas cuando viniste a Italia a la presentación que te hicimos D’Alema y yo de César o nada?

Manuel Vázquez Montalbán: Sí, claro, una presentación un tanto surrealista. Por cierto, ¿cómo le va a nuestro amigo D’Alema?

Andrea Camilleri: No creo que le vaya demasiado bien, al pobre. El problema son sus asesores, que se empeñan en humanizar su imagen, en convertirlo en alguien simpático… Empresa imposible. Prefiero que se quede como es él, rígido y antipático, en lugar de verlo hacer esfuerzos contra su naturaleza, participando en programas televisivos con Gianni Morandi.

Pues después de aquella presentación, volví a casa muerto de cansancio, no pude ir siquiera a la cena que te daba el editor, y volví escoltado por ¡seis carabinieri! Cualquiera hubiera pensado que, más que escoltado, me llevaban detenido. Cuando llegamos al portal de mi casa, el brigadier se me acerca y con un aire de gravedad oficial me dice: “Señor Camilleri, a ver cuándo se decide a escribir una novela sobre nosotros los carabineros”.

Manuel Vázquez Montalbán: Lo que me parece más destacable es la independencia de criterio de Montalbano, su carga de subjetividad, que podríamos denominar latina o mediterránea. Tu Montalbano es mucho más arbitrario que el Maiqret de Simenon, aunque sus procedimientos psicológicos se asemejen, pero Montalbano a veces es realmente expeditivo. En cuanto a sus gustos gastronómicos… Bueno, yo no soy sectario, hay libertad de gusto. Y si algún día quieres que hagamos una novela juntos, estoy dispuesto a imponerle un pequeño sacrificio a Carvalho y pasarlo a la dieta italiana.

Andrea Camilleri: ¡A mí la comida de Carvalho me da miedo! ¡Es muy bestia! Ten presente una cosa: ¡Yo ya no puedo comer camo comía antes! Al escribir hago una transferencia sobre Montalbano y le doy de comer cosas fantásticas que a mí me resultarían letales, como las sardinas rellenas. El miedo de Montalbano ante los platos de Carvalho es en realidad el miedo del autor. También quisiera aclarar que el nombre de mi personaje, Montalbano, es relativamente frecuente en Sicilia, pero su elección resulta del deseo de rendir un homenaje, más que al personaje de Carvalho, al Vázquez Montalbán que ha escrito El pianista o Los alegres muchachos de Atzavara. Y lo que me interesa por encima de todo es el planteamiento que haces como autor frente a la realidad. Es algo que siempre me ha impresionado mucho…

Manuel Vázquez Montalbán: Yo creo que las diferencias y semejanzas entre nuestros personajes son, en el fondo, consecuencia de una misma actitud personal ante la novela policiaca. También tú tomas este género como una mera estrategia narrativa, un juego con el que plantear un acercamiento a la realidad arbitraria y proyectas una mirada distanciada e irónica a través de tu personaje, una mirada muy parecida a la de Pepe Carvalho. Ahora se abre una oportunidad muy interesante para el lector español: ver la inmensa variedad que ofrece el relato policiaco a través de una obra realmente atípica. Se ha relacionado a Montalbano con Maigret, y eso es inevitable, porque el proceso psicológico que sigue Montalbano es más parecido a Maigret que a cualquier otro personaje, pero es un mundo completamente aparte. Tu “parti pris” como intelectual, tu mirada política, son muy diferentes de los de Simenon. Gracias a la estrategia narrativa que supone la novela policiaca se puede abordar un discurso realista de una manera nueva. Estás describiendo la frontera que hay entre la política y el delito, entre lo ilegal y lo legal, la violación de un tabú como matar, los límites de las conductas, mientras estableces una complicidad con el lector. Los dos llegáis a la misma conclusión a través de un viaje de sorpresas que significan la indagación policial.

 

Otro aspecto importante es el papel de lo cultural en estas indagaciones de Montalbano: a veces la clave de un enigma es una clave cultural, un mito, una lectura clásica… Como lector, una de las cosas que más me han hecho disfrutar es el grado de sofisticación de este juego cultural que nos propone tu personaje.

Andrea Camilleri: Para Montalbano los libros son tan importantes como para Carvalho, la diferencia está en que mi personaje no los quema. Seguramente a tu Carvalho los libros no le han sabido enseñar nada…

Manuel Vázquez Montalbán: Sí, es cierto, los libros son importantes para los dos: para tu personaje en positivo y para el mío en negativo, por eso acaba quemándolos.

Andrea Camilleri: Pero la elección de un libro para quemar equivale a la elección de un libro para leer. Vea-mos: el primer libro que quema tu Carvalho no es un libro cualquiera, sino una historia de España.

Manuel Vázquez Montalbán: Sí, “España como problema”, de Laín Entralgo. En tu caso, me parece fundamental el modo en que presentas Sicilia como un falso microcrosmos. Es un microcosmos, en efecto, pero hay que escuchar a Sciascia cuando respondía a la pregunta de por qué escribía siempre sobre Sicilia…

Andrea Camilleri: Sciascia respondía: “Sicilia es el mundo”.

Manuel Vázquez Montalbán: La ambición de Sciascia era hacer una novela política, de indagación sobre el poder. En tu caso también están estos elementos, pero no son el objetivo. El objetivo es un viaje por una realidad en la cual los elementos de carácter ideológico o político están implícitos, pero sin la voluntad de Sciascia de hacer una metáfora política del doble poder.

Andrea Camilleri: Mi primer libro se lo debo precisamente a él. Pasé un par de años recogiendo material sobre un episodio histórico de Sicilia y se lo entregué, por si le servía como base para una novela. Me invitó a tomar café en su casa y me dijo: “Es un material excelente; deberías escribir un libro”. “¡Pero yo no sabría escribir un libro como tú!” “Justamente, de lo que se trata es de que lo escribas como harías tú. Ánimo.” De eso ya hace bastantes años…

Manuel Vázquez Montalbán: Cuando se produjo el gran momento de eclosión de tu obra en Italia, especialmente el año pasado, con cinco títulos en las listas de los libros más vendidos, se pudo escuchar comentarios del tipo “Claro, es una literatura que hace concesiones al gran público, una literatura comercial, el resultado de una operación de promoción muy bien estudiada…” Todo eso es insostenible: ha sido una imposición empujada por el propio valor de la obra, y a través de una pequeña editorial, de mucho prestigio, pero sin poder en los medios. Tu obra se ha impuesto a través de recomendaciones particulares.

Andrea Camilleri: Es lo que yo llamo “el tam tam del público”. Ése es el público que a mí me interesa, los 30.000 o 40.000 primeros lectores que pusieron en marcha el tam tam y operaron el “milaqro”. Después la cosa se ha disparado de tal modo que me he convertido en una moda, algo ridículo, condenado a ser olvidado. No se puede pasar impunemente de vender 150.000 ejemplares a casi un millón en tan poco tiempo. Interiormente, no me ha cambiado nada. ¡A los 73 años nada cambia! Pero la vida social… ¡Es algo espantoso! Presentaciones, firmas, conferencias, entrevistas… Ni siquiera tengo tiempo para escribir. Y lo que es peor, la gente que se acerca a mí ¡para decirme lo que tengo que hacer con mi personaje! Hace poco unos sicilianos me pidieron que Montalbano no se case nunca con su novia… ¡porque es genovesa! ¡Una forastera! ¡Pretendían que le buscase una mujercita siciliana como Dios manda!
Me han ocurrido cosas de cine. Ahora suenan graciosas, pero en el momento son muy embarazosas. Como una señora que se esperó con sus dos nietos, muertos de sueño, hasta el final de una presentación que terminó a medianoche… ¡para que les tocara la cabeza a los niños! ¡Como si yo fuera Juan XXIII o Stalin! ¡Y los que se me acercan con un bolígrafo especial para que les firme un autógrafo en el brazo! A veces siento que me he convertido en una moda de cretinos. ¡Los lectores de novelas no hacen esas cosas! También he recibido cartas que me han puesto los pelos de punta, la de una chica de 24 años con una gravísima enfermedad degenerativa, para darme las gracias por haberle hecho sonreír tres veces. No puso su remite, y nunca le he podido contestar…
Nos preguntan si Carvalho y Montalbano podrían resolver un caso juntos.

Manuel Vázquez Montalbán: Bueno, los casos nunca se resuelven… No sé, cada cual tiene su universo, su mundo propio… Es posible que ambos llegasen fácilmente a las mismas conclusiones… pero a través de restaurantes diferentes.

Andrea Camilleri: Estoy de acuerdo.

 

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